viernes, 16 de noviembre de 2012

EL CUELLO



Necesita inmortalizar algo antes que la memoria a corto y largo plazo le falle como lo ha hecho antes a lo largo de su vida.

Que insatisfecho se siente con él cuando pasan los días y los detalles que quiere conservan en su memoria se esfuman como el humo del cigarrillo que ahora ve pasar frente a su trago. Se limitará a contarles lo que más le interesa recordar, cerrar los ojos y revivir. Dentro de muchas cosas "patéticas" que ha hecho en su vida, recordar una noche de sexo en un blog es una de ellas.

Conoció a alguien capaz de trasmitir en sus labios y en su cuerpo utópica ternura, rebeldía, rudeza, espíritu y sensualidad como nunca la había sentido...                ¡Bagh! Basta de pretender ser un tercero, cuando lo que realmente quiero es que que me leas al oído.

Cuando tu sonrisa y tu risa completaron la mirada que con rubor no pude sostener y pretendía levantar con un beso, me dí cuenta de lo débil que era al ponerme literalmente en boca de lo que esa noche seria mi mayor debilidad, tus besos. Fue ahí cuando sentí el suave y tierno fuego de tus labios que poco a poco me derretían por dentro, aseguraban mi voluntad y doblegaban mis nervios. Recorrer con mis sentidos tu cuerpo tatuado he ir grabando con indeleble tinta en mi memoria tu olor, sabor, piel y gemidos para siempre, fue disfrutar ese limitado camino que cuidas beso a beso pendiente de nunca acabarlo.

Fue entonces cuando la sangre empezó a acelerar su ritmo en mi cuerpo, nuestra respiración se agitó, se endurecieron tus pezones, tu espalda se erizaba intermitentemente y tu cintura se elevaba con sensual recelo dando el permiso al paraíso nocturno que esa noche en ese cuarto se revelaba ante mi, que yo vivía y algún vecino podía mirar. 

Hablándote con los ojos mientras mis labios no paraban de besarte, bajo un juego de humedades disfruté como no había nada entre los dos, ni aire. Ansioso por no despegar mi cuerpo del tuyo, recorrí con mis manos cada centímetro del motivo de mi excitación, dejé saliva en tus ruiditos que rompían el silencio en la noche y competían por ser inferiores a los de la cama, entonces cuando sin querer tropecé con tu cuello, venoso y venenoso catalizador de erotismo, detonante orgásmico y motivo de estas letras. Verte mover con cada beso, sudar y respirar mientras mi lengua por allí se paseaba fue ser el cura mirando el pronunciado escote de la feligrés. 

Las sensaciones y acciones que allí despertamos mientras te veía desplomada en la cama con tus uñas en mi espalda, amándote desde los rizos rojos hasta tus pies dorados las recordaré siempre que en una noche de buenos recuerdos te lea en mi boca, te imagine en mis manos y te vea en mi mente.










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